Jardin Japones

Ikebana, la delicadeza de las flores

Ikebana 14 de Mayo 2019

Ikebana es el arte del arreglo floral japonés, también conocido como “kadou” o el camino de las flores. Es una disciplina refinada, pero a la vez, llana y simple de apreciación de la naturaleza.

El ikebana se trata de una composición de motivos decorativos utilizando principalmente flores, pero también se usan hojas, tallos, ramas y a veces otros elementos no naturales en un recipiente adecuado a cada estilo de ikebana.

Cuando comenzó hace más de 550 años atrás, su finalidad era religiosa, pues consistía en hacer ofrendas florales en ceremonias budistas. Luego fue convirtiéndose en una disciplina con reglas establecidas por distintas escuelas de ikebana que rigen su forma, los elementos a utilizar, la manera de realizarlo, etc.

Actualmente se ha exportado a todo el mundo y se ha convertido en uno de los pasatiempos predilectos en distintas sociedades occidentales.

Cuando decimos “arreglo” floral estamos dándole un matiz más complejo que al simple hecho de “insertar” las flores en un recipiente para poder apreciarlas mejor. El hecho de “arreglar” flores significa descubrir y mostrar la belleza inherente de las flores y, al mismo tiempo, mostrar la belleza de nuestro propio espíritu. Cuando hacemos un arreglo de ikebana, tratamos de encontrar nuestro ideal de belleza a través de las flores.

Flores y árboles se encuentran naturalmente en permanente armonía con su medioambiente. Ikebana es una expresión de esa armonía con relación a las estaciones del año, el corazón del espectador y el ambiente en el que se lo coloca. El ikebana interactúa con ellos para que todos los factores aumenten en hermosura, una retroalimentación entre el ikebana, el ámbito, el espectador y el ikebanista que logra dar más brillo y gracia a cada uno de ellos.

En esa búsqueda del ideal de belleza a través del ikebana, logramos enfocar nuestros pensamientos y atención en el arreglo. De esa forma, nos liberamos de los problemas cotidianos e ingresamos en un tiempo y espacio en el que rige el sutil encanto del ikebana.

De esta forma, además de su propósito estético, también puede considerárselo como método de relajación y abstracción.

Disfrutar de las flores es una costumbre que se comparte en muchas culturas, tanto antiguas como contemporáneas. Pero podemos decir que reconocer que la belleza no se encuentra sólo en las flores en su mayor esplendor, sino también en las hojas, ramas e incluso en los yuyos a la vera de un camino, es propio de la sensibilidad estética japonesa que se nutre desde siempre de la belleza del medioambiente natural de ese país.

La conciencia del paso de las estaciones tan imbuida en el pensamiento y en el hacer cotidiano de los japoneses les otorga una sensibilidad especial sobre la naturaleza y, en el caso del ikebana, una sensibilidad sobre el orden que existe en el crecimiento de cada tallo, rama y hoja de la planta, en el florecimiento de las flores y en la aparición de los frutos. Esta conciencia es fundamental, se trata de la relación con la naturaleza, de lo que podemos aprender de ella al momento de hacer ikebana.

La comprensión de este orden natural determina lo que va a expresarse en un ikebana. Si observamos atentamente la naturaleza, podemos cultivar una sentido de la sensibilidad de lo que no se ve a simple vista, la percepción de lo oculto; si escuchamos con el corazón, la voz de las flores y nos sentimos inspirados por ellas, podremos arreglar un ikebana con exultante belleza expresiva.

Felisa Metoruma de Sakata
Fundación Cultural Argentino Japonesa